OPINIONES PERSONALES

Boletín de AREMAF, Invierno de 2003.

LOS ACCIDENTES, ¿NACEN O SE HACEN?

            Analizando los sucesos ocurridos en los últimos meses en Alicante, Castilla y León, Madrid y Aragón debemos plantearnos una pregunta: ¿los accidentes, nacen o se hacen?. Entendamos como un accidente que “nace” a aquel producido por una suma de fatalidades, evitables o no, y digamos que un accidente “se hace” cuando su principal causa sea una mala actitud, gamberrada o un desentendimiento de la autoridad competente.

            Comenzamos con el atropello ocurrido hace unos meses en Alicante. Una asociación de excursionistas de Elche organiza una salida nocturna a pie por la vía de un ferrocarril donde prestan servicio algunos de los mejores de trenes de RENFE, como son los Talgos de la 6ª generación y los trenes Arco. ¿Dio RENFE su consentimiento para tal acto público? Lo dudo mucho. ¿Son las líneas de ferrocarril un lugar apto para el tráfico de viajeros a pie? Definitivamente, no. Entonces, ¿qué es lo que falla? Puede ser que la sociedad haya dejado de ver al tren como el necesario medio de transporte que es y le observe como un medio desfasado e incómodo o elitista y caro. Esto provoca que gran parte de la población deje de sentir la cercanía y necesidad de este sistema de locomoción, y que las nuevas generaciones ignoren la importancia y utilidad que el ferrocarril ha tenido y debe recuperar, lo que provoca un desconocimiento y una falta de respeto que se manifiesta en la organización de una excursión por las vías. ¿Este accidente “nació” por la falta de respeto de los excursionistas o fue una consecuencia del camino tomado por la red desde los años 90?. Otra posible causa pudo ser que los excursionistas creyeran que se encontraban en una “Vía Verde”, ya que la indiscriminada proliferación de estás últimas, muchas de ellas en líneas aún aprovechables si en la explotación se usará el sentido común, puede llevar a equívoco. Y es que, dentro de poco, observando el estado de conservación de ciertas líneas será muy difícil saber si están abiertas o cerradas al tráfico ferroviario.
            Hablemos ahora de dos accidentes ocasionados por causas similares pero con consecuencias muy distintas: el descarrilamiento del Talgo 4ª Madrid-Cartagena en Tobarra (Albacete) y el del Talgo III Madrid-Hendaya/Bilbao en Renuncio (Burgos). El primero de ellos fue provocado por la colocación de un bloque de hormigón en la vía, y el segundo por la colisión con un coche robado depositado en una trinchera en rampa y curva cerrada. Estos accidentes “nacieron” a nivel ferroviario, ya que el maquinista no pudo evitarlos, pero “se hicieron” por la mala fe de personas que seguramente ignoraban la gravedad de las consecuencias que podían acarrear sus actos. Podemos añadir a este tipo de sucesos los incidentes ocurridos en el mes de enero en Briviesca, cuando en varias ocasiones algunos desaprensivos colocaron vallas de construcción en la línea Madrid-Hendaya, afortunadamente sin consecuencias graves. También se producen arrollamientos por culpa de personas externas sin que estas tengan intención de provocarlos. Fruto del descuido al cruzar una vía se han producido varios sucesos últimamente: en Pancorbo entre un Intercity y un tractor, en Murcia entre un cercanías y una furgoneta y en Zaragoza entre una 252 y un camión.

            Los accidentes del Talgo III “Miguel de Unamuno” en Pancorbo, del Estrella “Galicia” en Ponferrada, del Talgo 4R Gijón-Alicante en las cercanías de León, del regional Zaragoza-Canfranc en Villanua  y de un mercancías en la misma línea a la altura de Ayerbe son, a mi juicio, los más preocupantes. No han tenido consecuencias graves a nivel de pérdidas humanas, pero ninguno de ellos ha “nacido” fruto de la fatalidad. La causa ha sido el mal estado de la infraestructura, que agoniza por la desidia y la falta de inversiones impuesta por las instituciones en aras de conseguir megalómanos y faraónicos proyectos de líneas de alta velocidad que, ni forman una red, ni vertebran el territorio, ni son tan necesarios como pretenden hacernos creer.

            El último accidente hasta la fecha es el único al que se le puede llamar “accidente”. El material afectado fue un tractor de maniobras 311 y una unidad de cercanías 446 que cubría el trayecto entre Colmenar Viejo y Madrid. La unidad se encontraba detenida ante una señal en rojo en la bifurcación de la línea Madrid-Burgos que da acceso a la universidad de Cantoblanco cuando el tractor, que circulaba detrás, no frenó a tiempo, y embistió la composición de viajeros provocando varios heridos de diversa consideración. Resulta extraño que se produzca un alcance entre dos trenes en una zona de la red controlada exhaustivamente por los mejores sistemas de seguridad, por lo que habrá que esperar a que los peritos de RENFE nos aclaren lo sucedido.

            En resumen, los accidentes no nacen, todos ocurren por el desconocimiento de la sociedad en general y de los políticos en particular de lo que una red ferroviaria debe significar para un país. Este debe ser el principal mal a combatir para que llegue un día donde todos podamos usar y sentirnos orgullosos del sistema ferroviario español.

 

Pablo Gadea Garzón